Hoy en la mañana, fiel a mi perezosa costumbre, me quedé desparramado en la cama media hora después de despertarme. Suelo quedarme con indiferencia sentado, solo reaccionando ante algún percance o hecho aislado, como aquél gaucho que describe Borges en su cuento “El Sur”.
Mientras me dirigía al baño, llegaron a mis oídos frases desde el televisor encendido en la sala, que retumbaron en mis oídos: “¡Feliz Día del Periodista!”.
Así que en este segundo artículo de este naciente blog, no encontré mejor manera que conmemorar tan grata fecha haciendo lo que mejor saben los periodistas – o su mayoría – en la actualidad: Improvisar y Rellenar.
Para hacer reseña, el periodismo ya era una realidad en la Antigua Roma, y en la misma China (la famosa Ti Chau o Gaceta de Pekín así lo confirma) en el siglo VI. La invención de la imprenta significó el boom de la difusión, y surgieron los históricos Avisa Relation oder Zeitung y Frankfuiter Journal en Alemania (1615) y The Weeckly News (1622) en Inglaterra.
En la América Colonial había Gacetas en México y Perú, pero esto ya fue en el siglo XVIII. Los periódicos serios o gacetas en el Perú surgen en la época de Emancipación, entre los cuales tenemos El Mercurio Peruano, El Nuevo Día del Perú, Verdadero Peruano, donde se publicaban los artículos exponiendo las ideas de Independencia. Cabe resaltar que grandes intelectuales estuvieron detrás de estas redacciones entre los que se destacó Hipólito Unanue.
No se debe dejar de notar que junto con la idea de periodismo nace también la Opinión Pública, la Libertad de Prensa, y todos aquellos términos que si bien son saludables, en exceso han demostrado ser infecciosos culturalmente.
Periódicos destacables al comenzar la era republicana son El Americano, El Consolador, El Nuevo Depositario, El Censor, Los Andes Libres. En 1822 Sánchez Carrión fundaría el Tribuno de la República Peruana. Los diarios anteriormente mencionados fueron objeto de un estudio en 1905 por el periódico “Prisma”, que adjunta Basadre en el Tomo I de la “Historia de La República del Perú”.
En 1823, fue decretada la Ley de Imprenta, que amparaba cualquier publicación a excepción de: Doctrinas contrarias a la Iglesia, incitaciones revolucionarias, obscenidades, difamaciones e incitaciones para romper la Ley.
Con la llegada de Bolívar, y posteriormente Santa Cruz, la libertad de prensa fue prácticamente inexistente, solo permitiéndose periodiquillos aduladores. Son célebres durante el surgimiento de Bolivia como República las publicaciones separatistas de “El Cóndor” desde Chuquisaca, y en Lima, “El Federal” en 1827.
La época de Gamarra y los posteriores militarismos está grabada como la vitrina de periódicos obscenos y ácidos que la anarquía engendró, donde se publicaban toda clase de insultos no solo a los políticos, sino también a sus familias.
La Guerra con Chile, fue cubierta por El Comercio, El Peruano y El Nacional, éste último dirigido por Andrés Avelino Aramburu, recordado por insertar las columnas como “Charlamenterías”,”Mentiras y Candideces”, y los divertidos “Introitos”. Con la llegada del siglo XX, El Comercio comenzaría a hacer prensa noticiosa por cable, Pedro de Osma fundaría “La Prensa” como una opción fuerte frente a al diario dirigido por Miró Quesada. Aquí publicó también Luis Fernán Cisneros, José María de la Jara y Leonidas Yerovi. José Santos Chocano dirigió el Siglo XX, diario de tres ediciones.
En 1903 el Ministro Eguiguren, intentó reformar la Ley de Imprenta de 1823, pero no tuvo éxito. En 1915, La Prensa pasó a ser propiedad de Augusto Durand, y entre sus redactores figuraron literatos como Abraham Valdelomar, Enrique López Albújar, José Carlos Mariátegui, entre otros.
En 1912, La Crónica fue fundada por Manuel Moral, luego dirigida por Clemente Palma hasta 1929, donde fue redactor Ricardo Palma, quién ya antes había publicado con Vigil en El Correo de Lima.
El Oncenio significó el cierre de La Prensa, y sus redactores pasaron a El Comercio. Hasta 1930 no hubo mayor aparición de tabloides por las tendencias políticas de la época, y si no considero más periódicos es por que fueron fugaces, además de que la prensa en ese tiempo solo era escrita, y en provincias había casos aislados.
La aparición desde los cuarenta y cincuenta de la radio y posteriormente la televisión dieron mayor auge al periodismo, pues la Segunda Guerra Mundial abarcó un avance en las comunicaciones. Las revistas se volvieron algo familiar, con mejores y mayor cantidad de ilustraciones.
Si bien la evolución de las impresiones periodísticas puede considerarse positiva, no se podría decir lo mismo de la libertad de prensa ni del análisis. Los intereses comenzaron a primar sobre las verdaderas noticias y centros de atención, pasando por gobiernos militares hasta épocas relativamente recientes como la de los presidentes Belaúnde (donde se martirizaron los periodistas de Uchuraccay), García y ni qué decir de la dictadura fujimorista, donde se hizo tristemente célebre el señor Bressani, el rey de los periódicos “chicha”, y todos aquellos locutores y columnistas que vendieron sus letras al régimen.
La vuelta a la democracia hizo pensar a muchos que mejoraría la calidad de periodismo, pero el tiempo se encargaría de demostrar cuán equivocados estaban los optimistas. La cura resultó peor que la enfermedad, pues al bullicio corrupto que permanecía en las redacciones, se sumó la falsa libertad de expresión, aquella que habla solo porque tiene parlantes o pantallas. Periodistas que hablan porque tiene boca, vomitando frases equívocas e inoportunas. Pocos en verdad se salvarían del holocausto que sería un análisis concienzudo de periodismo verdadero y objetivo.
Pero no queda allí la tragedia, la basura que todos leíamos en un periódico o en las pantallas, contaminó la mente de muchos, especialmente los jóvenes como yo, que en su proceso de crecimiento, NUNCA VIERON UN PROGRAMA PERIODÍSTICO SERIO E IMPARCIAL, es más, nunca nos dieron los elementos para hacer una crítica razonable.
¡Feliz Día del Periodista! Con su mayoría de elementos procaces, imprecisos e ignorantes.
¡Feliz Día del Periodista! Con todas esas eficaces labores que dicen cumplir, y por las cuales muchos prefieren estar desinformados para no ensuciarse y embrutecerse. Y finalmente…
¡Feliz Día del Periodista! Por hacernos ver que del hoyo de la mala información, cortinas de humo y falsas noticias importantes, llega un momento en el cual, no todos los que vagan errantes se pierden. Muchos reaccionan, crean mundos nuevos, ideas nuevas, heroísmos nuevos.
Mientras me dirigía al baño, llegaron a mis oídos frases desde el televisor encendido en la sala, que retumbaron en mis oídos: “¡Feliz Día del Periodista!”.
Así que en este segundo artículo de este naciente blog, no encontré mejor manera que conmemorar tan grata fecha haciendo lo que mejor saben los periodistas – o su mayoría – en la actualidad: Improvisar y Rellenar.
Para hacer reseña, el periodismo ya era una realidad en la Antigua Roma, y en la misma China (la famosa Ti Chau o Gaceta de Pekín así lo confirma) en el siglo VI. La invención de la imprenta significó el boom de la difusión, y surgieron los históricos Avisa Relation oder Zeitung y Frankfuiter Journal en Alemania (1615) y The Weeckly News (1622) en Inglaterra.
En la América Colonial había Gacetas en México y Perú, pero esto ya fue en el siglo XVIII. Los periódicos serios o gacetas en el Perú surgen en la época de Emancipación, entre los cuales tenemos El Mercurio Peruano, El Nuevo Día del Perú, Verdadero Peruano, donde se publicaban los artículos exponiendo las ideas de Independencia. Cabe resaltar que grandes intelectuales estuvieron detrás de estas redacciones entre los que se destacó Hipólito Unanue.
No se debe dejar de notar que junto con la idea de periodismo nace también la Opinión Pública, la Libertad de Prensa, y todos aquellos términos que si bien son saludables, en exceso han demostrado ser infecciosos culturalmente.
Periódicos destacables al comenzar la era republicana son El Americano, El Consolador, El Nuevo Depositario, El Censor, Los Andes Libres. En 1822 Sánchez Carrión fundaría el Tribuno de la República Peruana. Los diarios anteriormente mencionados fueron objeto de un estudio en 1905 por el periódico “Prisma”, que adjunta Basadre en el Tomo I de la “Historia de La República del Perú”.
En 1823, fue decretada la Ley de Imprenta, que amparaba cualquier publicación a excepción de: Doctrinas contrarias a la Iglesia, incitaciones revolucionarias, obscenidades, difamaciones e incitaciones para romper la Ley.
Con la llegada de Bolívar, y posteriormente Santa Cruz, la libertad de prensa fue prácticamente inexistente, solo permitiéndose periodiquillos aduladores. Son célebres durante el surgimiento de Bolivia como República las publicaciones separatistas de “El Cóndor” desde Chuquisaca, y en Lima, “El Federal” en 1827.
La época de Gamarra y los posteriores militarismos está grabada como la vitrina de periódicos obscenos y ácidos que la anarquía engendró, donde se publicaban toda clase de insultos no solo a los políticos, sino también a sus familias.
La Guerra con Chile, fue cubierta por El Comercio, El Peruano y El Nacional, éste último dirigido por Andrés Avelino Aramburu, recordado por insertar las columnas como “Charlamenterías”,”Mentiras y Candideces”, y los divertidos “Introitos”. Con la llegada del siglo XX, El Comercio comenzaría a hacer prensa noticiosa por cable, Pedro de Osma fundaría “La Prensa” como una opción fuerte frente a al diario dirigido por Miró Quesada. Aquí publicó también Luis Fernán Cisneros, José María de la Jara y Leonidas Yerovi. José Santos Chocano dirigió el Siglo XX, diario de tres ediciones.
En 1903 el Ministro Eguiguren, intentó reformar la Ley de Imprenta de 1823, pero no tuvo éxito. En 1915, La Prensa pasó a ser propiedad de Augusto Durand, y entre sus redactores figuraron literatos como Abraham Valdelomar, Enrique López Albújar, José Carlos Mariátegui, entre otros.
En 1912, La Crónica fue fundada por Manuel Moral, luego dirigida por Clemente Palma hasta 1929, donde fue redactor Ricardo Palma, quién ya antes había publicado con Vigil en El Correo de Lima.
El Oncenio significó el cierre de La Prensa, y sus redactores pasaron a El Comercio. Hasta 1930 no hubo mayor aparición de tabloides por las tendencias políticas de la época, y si no considero más periódicos es por que fueron fugaces, además de que la prensa en ese tiempo solo era escrita, y en provincias había casos aislados.
La aparición desde los cuarenta y cincuenta de la radio y posteriormente la televisión dieron mayor auge al periodismo, pues la Segunda Guerra Mundial abarcó un avance en las comunicaciones. Las revistas se volvieron algo familiar, con mejores y mayor cantidad de ilustraciones.
Si bien la evolución de las impresiones periodísticas puede considerarse positiva, no se podría decir lo mismo de la libertad de prensa ni del análisis. Los intereses comenzaron a primar sobre las verdaderas noticias y centros de atención, pasando por gobiernos militares hasta épocas relativamente recientes como la de los presidentes Belaúnde (donde se martirizaron los periodistas de Uchuraccay), García y ni qué decir de la dictadura fujimorista, donde se hizo tristemente célebre el señor Bressani, el rey de los periódicos “chicha”, y todos aquellos locutores y columnistas que vendieron sus letras al régimen.
La vuelta a la democracia hizo pensar a muchos que mejoraría la calidad de periodismo, pero el tiempo se encargaría de demostrar cuán equivocados estaban los optimistas. La cura resultó peor que la enfermedad, pues al bullicio corrupto que permanecía en las redacciones, se sumó la falsa libertad de expresión, aquella que habla solo porque tiene parlantes o pantallas. Periodistas que hablan porque tiene boca, vomitando frases equívocas e inoportunas. Pocos en verdad se salvarían del holocausto que sería un análisis concienzudo de periodismo verdadero y objetivo.
Pero no queda allí la tragedia, la basura que todos leíamos en un periódico o en las pantallas, contaminó la mente de muchos, especialmente los jóvenes como yo, que en su proceso de crecimiento, NUNCA VIERON UN PROGRAMA PERIODÍSTICO SERIO E IMPARCIAL, es más, nunca nos dieron los elementos para hacer una crítica razonable.
¡Feliz Día del Periodista! Con su mayoría de elementos procaces, imprecisos e ignorantes.
¡Feliz Día del Periodista! Con todas esas eficaces labores que dicen cumplir, y por las cuales muchos prefieren estar desinformados para no ensuciarse y embrutecerse. Y finalmente…
¡Feliz Día del Periodista! Por hacernos ver que del hoyo de la mala información, cortinas de humo y falsas noticias importantes, llega un momento en el cual, no todos los que vagan errantes se pierden. Muchos reaccionan, crean mundos nuevos, ideas nuevas, heroísmos nuevos.

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