viernes, 2 de octubre de 2009

La raíz de todo el mal


A 105 años de su nacimiento y sin haber visto en otro blog alguna publicación sobre él, adjunto a continuación un fragmento de "La raíz de todo el mal", del escritor y guionista británico Graham Greene (1904-1991), cuyo mayor mérito radicó en tocar temas como la confusión del hombre y todos aquellos temas que éste prefiere obviar para sentirse perfecto. Es autor de novelas como "El tercer hombre","El tren de Estambul" y "Nuestro hombre en La Habana" :


La historia me fue contada por mi padre, que la escuchó directamente de su propio padre hermano de uno de los participantes. De otro modo dudo que la hubiera creído. Pero mi padre era un hombre de absoluta rectitud, y no tengo razones para creer que tal virtud novaliera también para la familia.Los eventos ocurrieron en 189-, como se lee en las viejas novelas rusas, en el pequeño pueblo de B-. Mi padre era alemán, y cuando se instaló en Inglaterra, fue elprimero de la familia en ir más allá de unos pocos kilómetros de su hogar en la comuna,provincia, cantón, o como se le llame en esos lugares. Él era un protestante que creía ensu fe; y nadie tiene una mayor capacidad para creer, sin dudas ni escrúpulos, que unprotestante de ese tipo. Ni siquiera permitía a nuestra madre leernos cuentos de hadas, ycaminaba tres millas hasta la iglesia antes de ir a una de esas congregaciones. “No tenemos nada que esconder”, decía. “Si duermo, duermo… Y que el mundo se entere de la debilidad de mi carne. ¿Por qué, agregaba, son capaces de jugar a las cartas en esas congregaciones en lugar de intentar ser mejores que antes?”Esta frase se relaciona en mi mente con la manera en que él habría comenzadoesta historia. “El pecado original dio al hombre una inclinación hacia el secreto”, habría dicho. “Un pecado abierto es sólo medio pecado, y una inocencia secreta es sólo media inocencia. Cuando uno tiene secretos, tarde o temprano habrá allí pecados. Yo no dejaría a un masón cruzar mi umbral. De donde yo vengo, las sociedades secretas eran ilegales, y el gobierno tenía razón…”

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