domingo, 29 de noviembre de 2009

Cuento Dominical 5: El viaje de Enzo


“Desperté en un lugar desconocido, con una sensación de vahído y náusea, confundido y con un trapo enrollado en mi rostro. Por alguna razón desconocida para mi en ese momento, sentía terror acompañado de un profundo vacío”.
“Alguien pareció notar que despertaba y se acercó, dando voces a otras personas a que vinieran porque el muchacho desconocido había reaccionado. Recuerdo lo impactante que fue cuando traté de moverme y levantarme, quería salir corriendo de aquel lugar desconocido donde nadie me daba razón de quien era y de donde venía. "
"Me daban de comer simplemente porque no podía hacerlo por mis medios, poco después venía un señor de blanco al que todos llamaban doctor, el me llevaba a una tal “Terapia”; la mayoría reía de mi torpeza al agarrar los objetos y al tratar de andar".
"Durante días la historia se repitió, las gelatinas, los caldos, las curaciones para evitar que algunos cortes se me infecten, era lo más que podían hacer, nadie sabía que por dentro había heridas que ningún doctor podría curar. Poco a poco fui saliendo hacia adelante, y re-aprendí que M-A es MA, dos veces esta sílaba es MAMA, y se llama así a una mujer por la cual venimos al mundo, además es el ser más importante del mundo, y se sufre mucho cuando la perdemos".
"Los días seguían pasando entre heridos que llegaban y gente que lloraba la pérdida de seres queridos,pero uno tuvo un matiz especial: Noté que había una mujer y un niño de unos cinco o seis años que me observaban cuando me llevaban a mi paseo de la tarde. Me miraron desde esa vez todas las tardes, y creo que me ayudaron en cierto modo. Ya caminaba sin ayuda, mis heridas estaban cicatrizadas, y el corte profundo de mi cabeza ya estaba cerrado, pero aún ardía cuando me bañaban. Mi relación con los demás era muy amistosa, ya estaba por demás entendido que había llegado hace veinticinco días, en un estado lamentable con la cabeza reventada por un golpe de automóvil, y el doctor me recibió como un caso de emergencia. Nadie sabía mi procedencia, pero una enfermera de buen corazón me había registrado como hermano suyo, así se evitarían los problemas con la policía y esos papeleos que están presentes aún para entrar al cielo".
"Los demás pacientes tenían quienes los visiten, y no era fácil pasar las tres horas de visita diaria viendo como mis amigos de desgracia reían y conversaban con su familia, así que en esos ratos conseguí permiso para ayudar a las enfermeras con los casos más serios, a veces me deprimía con ellos. Los ancianos de la sección de atrás conversaban conmigo y pensaban que yo era su nieto, o hijo, otros pensaban que era un doctor".
"Fue un día viernes cuando el niño que me observaba en las tardes se acercó, y me dijo : Te extrañamos en casa, toma esto, mi mamá te manda, dice que la disculpes, que puedes regresar cuando quieras. Anda por favor hermano, extraño que alguien me cargue y me haga escuchar esa música que la abuela decía que era de locos que no creían en Dios. Anda porque quiero que me lleves y recojas del colegio todos los días, mis notas están bien, soy un buen alumno. Me tengo que ir…”
"Lo vi alejarse sin saber que hacer, y tomé atención al paquete que su mamá me había mandado. En ese momento me llamó Gabriela, que era la enfermera que me había registrado como hermano, y me dijo que la ayude a cargar a Doña Matilde, por fin regresaba a casa esa viejita bonachona".
"En la noche estaba en mi cuarto, ahora estaba solo porque mis dos compañeros de habitación habían sido dados de alta en la mañana. Estaba abriendo las bolsas del paquete y entró Gabriela que tenía turno todo el día. Me comentó que Mayra se haría cargo del otro cuarto, y yo le dije para jugar a las cartas. Optamos por jugar solo “Golpeado”, íbamos cinco partidas ganadas por mi y ella preguntó:” ¿Qué se siente no saber quien eres, saber que te irás y no saber a dónde?”. Hubo un largo silencio que no impidió que prosigamos el juego y le respondí: “Se siente la mayor felicidad, pero también la mayor estupidez.”
Luego agregó:
- Hay algo en ti que me da temor, hay algo en tus ojos tristes que me dice que te pasó algo muy malo.
- La verdad es que siento miedo y también se que algo malo ha de haberme pasado antes de llegar aquí, pero ya lo sabré cuando abra ese paquete. Dudo si abrirlo y encontrarme con algo triste y molesto, o empezar de nuevo.-Respondí.
- Sea cual sea el camino que tomes has sido parte de mi vida cuarenta y cinco días, y antes que te alejes quiero ganar una partida.
"La miré y ella me respondió con una mirada que nunca olvidaré, me dispuse a agitar la baraja para empezar la partida, y ella me tocó la mano y luego suavemente me quitó las cartas. Me quedé en shock y ella se sentó en mis piernas. La besé instintivamente y pude sentir como su respiración se agitaba a cada momento, luego comencé a deslizar mis manos por su espalda, ella no dejaba de besarme y mirarme fijamente los ojos, así que me paré y la puse sobre la camilla que había pertenecido al paciente amigo".
"La eché y le bajé el cierre de la casaca blanca, su vientre se agitaba y de sus labios salían palabras inentendibles, comencé a besarle el pecho y su braseare desabrochado dejó al descubierto sus senos firmes, en los que me perdí preso de pasión, me quitó el polo y cuando le bajé la falda ella sacó la correa de mi pantalón, y pasó nuevamente a comandar nuestro desenfreno".
Estábamos completamente desnudos, y alguien afuera gritó: “Gaby te quedan quince minutos”. Ella siguió besándome y se deslizó como una serpiente sobre mi, su cintura era delicada y en armonía con su cuerpo, esbelto hasta lo más mínimo, una leve abertura entre sus senos hacía mas excitante el momento. Sus piernas largas le daban una amplitud de movimiento que no era nada para lo que vendría en la próxima media hora. En verdad mi erección se había hecho patente desde el momento en que me miró, y tomándolo entre sus manos colocó mi miembro viril sobre sus labios íntimos, yo cedí al deseo y entré no solo en su cuerpo si no en su alma.
Su delicado vaivén encima de mí hacía melodioso el acto, solo atiné a seguir su ritmo, su mirada era una mezcla infinita de sensaciones, y durante unos momentos quedamos sumidos en la más exquisita variedad de placeres, su vaivén se hizo más violento y lo nuestro se convirtió en una lucha, en una batalla de superposición de egos. Los últimos momentos me miró mientras yo estrujaba sus pechos con toda mi fuerza, y nuestras lenguas eran una trampa, luego me incliné y su sudor se fusionó en el mío. Durante ese movimiento fue que todo terminó, y se recostó en mi pecho llorando y me dijo:”Quien quiera que seas ya no quiero sentirme culpable”. Luego recogió su ropa me miró y salió llorando de la habitación. Corrí detrás de ella pero se adelantó y la otra enfermera de guardia gritó, solo en ese momento descubrí mi desnudez.
Regresé avergonzado a mi habitación del hospital, y como un loco comencé a ver lo que dejó el niño. Había para empezar un paquete de pastelitos, que devoré mientras buscaba más cosas y encontré fotos mías, aparecía con el pelo largo, con amigos, en particular me agrado mucho la foto donde salía con el niño del paquete, y otros dos muchachos, fue entonces cuando comprendí todo y pude ver un paquete abajo que decía “Para ti Enzo”.
"Ese era mi nombre, tenía veintiséis años, era de una ciudad del norte, mi novia me escribía, y en sus cartas me decía que me amaba, que mi verdad era lo único que haría que nuestro amor crezca. Leer todo ese cuaderno era seguir la secuencia de días no muy lejanos pero que me estremecieron ante la idea de que hubieran pasado siglos, y que yo sea solo un recuerdo. Seguí husmeando y encontré una nota que yo había escrito".
"No terminé de leerla, era imposible creer lo que decían esas líneas, y salí corriendo sin decir palabra a nadie, sin buscar razón a nadie, y mientras escapaba Gabriela estaba en la puerta, me miró y pasé por su delante sin detenerme a escucharla, solo puede oír a lo lejos que me llamaba". "Corrí por la carretera del desvío a toda velocidad, hasta donde daban mis piernas, tenía que escapar de aquel lugar, y resbalé cuando pasaba por el acantilado. Solo recuerdo hasta allí mi querido amigo. Sé que desperté y caminé hasta esta orilla y vi a varios de mis antiguos compañeros de cuarto en el hospital. Hoy he contemplado con ellos el ocaso, el cielo se tornaba violeta mientras se ocultaba el sol, y ahora bajo las estrellas converso contigo amigo.”
Aquel hombre de barba y con ojos marrones claros perdidos en el cielo, se recostó en la arena y me dijo:
“Todos hemos llegado como tu, sin saber la verdad. Me haces pensar en cada uno, pero lo que te hace especial es que me recuerdas a mi”.
Se paró, caminó y se quedó observando la inmensidad del mar, dio unos pasos mientras su expresión se hacía más triste que antes y luego se esfumó en medio de la niebla. El hombre que había hablado primero se quedó pensando en la eternidad.

5 comentarios:

  1. a esto me iba la vez anterior al decirte que este cuento es MAS TUYO.
    un saludo
    "el arriesgado"

    ResponderEliminar
  2. Este cuento tiene mucho del primero, aquel del gorra sucia.
    Suerte.

    ResponderEliminar
  3. Estimado Tiago, lamento no haber escrito antes pero últimamente para mí han sido días arduos.

    Es cierto, la estremecedora Nessum Dorma también es de Puccini y leyendo tu ultimo cuento entiendo tu predilección por los personajes enigmáticos como Calaf. Este Enzo por ejemplo no deja de trasmitir esa incertidumbre de algunos otros, ese velo de misterio que me cuesta desentrañar .En mi opinión podría decir, a diferencia de Verónica, que este tiene más del Árbol Errante que el del Gorra Sucia aunque es probable que en realidad no tenga de ninguno de los dos.

    Personalmente me gusto la parte inescrutable en donde lee una carta escrita por el mismo y decide abandonar su estancia en el hospital. Esa información esotérica que es súbitamente descubierta en su estrecha influencia en la vida de los hombres, es muy atractiva y arrebatadora. En razón de eso, me vas a permitir, (con la posibilidad real de no tener nada que ver) recordar una frase del estimable Gabriel García Márquez: “ Los hombres no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga, otra vez y muchas veces, a parirse a si mismo” . Creo que, con el riesgo de interpretarla erróneamente, la intencionalidad de esas palabras esta dirigida a describir esos momentos cruciales e irrepetibles en la vida adulta, en donde la decisión de “vivir” depende exclusivamente de nosotros mismos y es a partir de nuestra voluntad donde optamos entre seguir con nuestra existencia anterior o emprender una nueva. Son situaciones excepcionales que nos mueven a hacer una cambio de timón, un giro radical, revolucionario, subversivo, que trastorna nuestra camino futuro o que lo bloquean para trazar un nuevo sobre la marcha, “haciendo camino al andar”. Siempre he querido creer que suceden ese tipo de trances, de instantes decisivos, de partos personales y ciertamente inefables.

    En fin Tiago, espero tener días mas holgados, aunque no lo creo por que diciembre siempre es un mes alborotado sumado a las “fiestas” que se acercan ,que gradualmente se me hacen cada vez mas detestables. Sin embargo se que siempre habrá momentos para mantener el contacto, así que un saludo y hasta la próxima.

    ResponderEliminar
  4. Los días arduos suelen ser todos los días en los que descubrimos que los problemas no solo estan alrdededor, sino que habitan dentro de nosotros.
    La verdad, a mí los finales me dan apenas el tiempo para entrar a internet a ver alguna que otra novedad, pero de alli dificilmente hay ora oportunidad en la que pueda distraerme.
    En cuanto a tu comentario sobre lo que dijo Verónica, creo que tienes razón. Ahora que ha pasado el tiempo creo que el Arbol Errante se parece màs a Enzo;es más, hasta podrían ser una secuela. Esto me lleva a pensar en que cualquier historia podría ser parte de una secuela.
    A podría ser personaje de una historia X.
    B podría ser personaje de una historia Y.
    Si en la historia Y mencionamos a A,de alguna manera ya es una secuela, con el factor que es el verdadero dios de nuestro universo: El tiempo (el mismo ente que de manera tan silenciosamente estridente nos ahoga y hace tus días arduos).
    Algún heresiarca de aquellos que estudiaba Borges tal vez haya analizado esto con más profundidad.
    Para terminar, las fiestas no son detestables para mí, pero si me deprimo y eso a veces suele ser tedioso y divertido.Es en ese momento, es cuando quiero creer - al igual que tú- que suceden esos trances de instantes decisivos...pero no llegan.
    Suerte y un saludo.

    ResponderEliminar
  5. parece que el hombre de barba y ojos marrones claros de parece a ti.
    pero si eso es basada en experiencias me hubiera gustado que fue de la novia de Enzo y que paso después....
    te deseo mucha suerte,sigue escribiendo que lo haces muy bien.

    ResponderEliminar