domingo, 1 de noviembre de 2009

Cuento Dominical 1: "Los Últimos Pasos"


Se me ha ocurrido algo. Cada domingo subiré un cuento al blog, pero a diferencia de los anteriores, será de los que mi cabeza incoherente ha creado.En otras palabras subiré un cuento corto mío cada domingo. Sé que no serán muchos los visitantes, es más, no llegarán a pocos, pero son libres de criticar del modo que quieran. Hoy empiezo con un cuento digno del día, pues aunque el día de los difuntos es el 2 de noviembre, la gente acude al cementerio el 1ro.

El cuento de hoy, el primero, se titula " Los últimos pasos". No estoy seguro si ese sea el título adecuado. Si a alguien se le ocurre algo mejor, coméntelo.La imagen corresponde a la Iglesia de La Merced, en Trujillo, allí se desarrolla la historia.
" Los últimos pasos"
Es domingo uno de noviembre. Un hombre con la mirada extraviada y oculta bajo la visera de su gorra sucia, acaba de poner sus primeros pasos en el centro de la ciudad mientras camina por el Jirón Orbegoso. Lleva las manos en el bolsillo y de su cabellera moteada cuelgan mechones en su hombro. Avanza lentamente como si no quisiera llegar a su destino, y es imposible no notarlo, pues ya se ha detenido dos veces a asegurarse las zapatillas, ha releído los periódicos en el puesto de la iglesia y no comenta las noticias con nadie. Es un indeseable, no me cabe la menor duda, con esa facha jamás será bien recibido en sitio alguno. Me doy cuenta de que mis reflexiones son incoherentes y dejando de juzgarlo, me limitaré a observar.
Su andar prosigue, parece que, contradiciéndome, leer las noticias una y otra vez le ha infundido nuevas fuerzas, cosa rara con las publicaciones diarias. Sigue por la misma acera ignorando las promociones para cinéfilos y al pasar por un conocido restaurante hizo un gesto dejando ver su rostro por un instante. Se quita la gorra, acomoda su cabello, con la esperanza de que pueda limpiarlo con las manos, y hace su ingreso triunfalmente ignorado en la Plaza de Armas.
La banda militar de los desfiles de domingo parece llamar su atención, y mira a la gente ir de un lado a otro. Los mira con amargura, con un tono de confusión en su tez. Creo que las piletas que están en el monumento central lo aturden y fastidian. Debe ser un artista callejero que analiza los contrastes de la plaza, y no quedó muy conforme. ¡Eso es! La facha le ayuda. Los pintores suelen tener cabellera larga y ser descuidados en su aspecto. Ahora se ha sentado en las escalinatas de la Catedral.
El reloj hace su sonido musical y las campanas anuncian el cambio de hora. La gente sale de misa. Un niño ha llamado su atención. Su mirada cambia y se vuelve melancólica, el niño se acerca, le sonríe…Su abuela entra en escena y lo jala regañándolo por alejarse. Nuestro sujeto sale de su estado de pasividad y parece recordar que iba a otro lugar. Camina ahora presuroso, la visión del niño lo ha dejado impaciente y ahora se le nota preocupado. ¡Pobre hombre! Pero… ¡No! ¿Por qué tenerle lástima? Tal vez sea un malhechor… ¡Ay! ¡Otra vez mis prejuicios! ¡Ese hombre podría ser mejor que yo! Podría tener familia, o ser un pervertido, pero no es su culpa entonces, ya un filósofo dijo que la sociedad es quien corrompe al hombre. Al final, ¿qué hago de fijón?
¡Ahí va! Dobló a la izquierda por Pizarro, ¡casualidad! ¡Voy por allí también! Camina más rápido ahora, me parece sentir y oír sus pulsaciones, lleva algo en la casaca porque vi que algo brilló. Ha llegado a la Plaza de la Corte, y se dispone a entrar a la Iglesia de La Merced. No me equivoco. Ya entró. Va a escuchar misa seguramente. ¡Sale nuevamente! Lo puedo ver de espaldas. Parece que ahora no sólo lo veo yo, pues lo observan dos mujeres. Ahora son tres, ¡una está gritando y le cubre los ojos a su hijo! ¡Ha sacado un arma! ¡Se está apuntando a la sien! ¡Dios! ¡Se disparó!
Hay sangre por todos lados, la gente acerca, un niño llora, ¡ya no es un ignorado! Es, es… ¡Es la noticia dominical! A lo lejos veo que ya viene la policía, la sangre sigue fluyendo, su cabeza está destrozada, en su rostro puedo ver los ojos aún abiertos y sin expresión, creo que hay lágrimas también. Ya llegan los oficiales, piden que nadie se acerque. Me tomaré un café antes de entrar en la iglesia, aunque dudo que haya una misa después del incidente. Hasta acá llega el olor de pólvora. Bebo mi café y siento que lo que corre por mi garganta es la sangre de aquel infeliz, la siento caliente. Sea como sea, yo lo acompañé durante sus últimos instantes en este mundo. ¿Estará en un lugar mejor? Para mí es una nueva oportunidad de confrontar el límite de la vida y la muerte, es una idea que se hace más fuerte en mi cabeza. Me dan ganas de gritar, que la gente escuche y sepa que la muerte no sólo puede ser acariciada en un drama de Shakespeare. ¡La muerte está aquí! Está a media cuadra, a unos metros, o en el extraño que vemos pasar.
Salgo del cafetín. Al parecer ya se llevaron el cadáver, pero aún huele a pólvora. Pregunto a las personas. Parece que hay tres testigos. El primero, un vendedor ambulante dice:”Venía por cigarros, era medio violento, hoy lo vi pasar y entró en la iglesia”. Una señora de pelo pintado agregaba: “Es sobrino de mi vecina, siempre ha sido un problemático, hasta le pegó a su mamá creo. Está bien muerto el muchacho, bueno no me meto, tengo que ir a misa como todos los domingos”. Por último, la señora que vendía los evangelios en la puerta testificó: “El joven entró y se postró en la imagen del Señor Cautivo, le tocó los pies y lloró. Luego salió rápidamente y escuché un disparo.”
Estoy por irme. Llega una mujer anciana, se abraza al cuerpo que yace en una camilla. Se escuchan gritos de desconsuelo. Llegan más personas, todas coinciden en que su muerte no es injusta, que fue un mal hijo, un hombre sin modales, sin metas y según sus propios hermanos, un vicioso. Es mejor que me retire, esto ya no es la historia de los últimos momentos de un hombre, sino la de su necropsia.
Como dije antes, pude oír por momentos sus pulsaciones, sus latidos. Ahora puedo oír en la lejanía el llanto de la mujer que él amó. Ella llora. Acaba de enterarse. Ella es la prueba de que él amaba, de que sentía, de que entregaba. Se despidió de ella la noche anterior. Se alejaron porque ambos se equivocaron, porque ambos se cansaron. Ahora puedo oír los pasos de ella. Ya no sólo oigo, también puedo ver que ella abre su cofre, y lee las cartas que el muerto le dió en vida. Por fin ha comprendido que él también tenía sentimientos y la amaba realmente. Ya no necesita pruebas.
Es así como imagino mi muerte, y es así como imagino que descubres que te amo, mi Cucha.




7 comentarios:

  1. Que sorpresa me llevé porque no pensé que ud. escribía. Es un cuento muy bonito, pero cuando llegué a la mitad me sentí muy triste, porque pense que el indeseable terminaria en otro sitio.Mi esposa que tambien es docente me dice que lo de la muerte es real porque siempre esta cerca.
    Suerte
    Jorge V.

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  2. oe tio escribes bien; pero la vida llega a ser asi tu me entiendes, si ps hay dias en q parece la muerte esta tan cerca por eso hay vivir lo maximo cada y estar en paz en todo chevere tio.

    CVM

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  3. oe leonchito bene bene.no vayas a akbar como ese pata

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  4. Este último anónimo me hace pensar en Makuko.
    Disculpa por la comparación.
    Un saludo Willy.jeje

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  5. "Pobre hombre" hubiese dicho Fermina Daza al verlo.

    Creo que la frase popular, que dice que en una relación amorosa siempre hay uno que ama más que el otro, es verdad y lo puede roborar el buen Florentino y talvez el desdichado de la gorra sucia, pero llegar a esos niveles de exacerbación al punto de acabar con su vida es definitivamente desconcertante. Bueno, aunque este parecía que tenía otros demonios sobre sus espaldas para hacer tremenda cosa, en fin, tú sabrás, tú lo conociste más.....

    Buen cuento Tiago, me gusto. Los de finales sórdidos y truculentos son de mis favoritos

    Saludos.

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  6. Me sorprende.
    Esa frase de Fermina Daza es puntual, precisa.
    Cuando uno lee un libro, hay una frase o descripción que marca, que hace que lo recordemos.
    Creo que sin el Pobre Hombre!, la novela ya no gira.Sería solo "Los tiempos del cólera" y no "El amor en los tiempos del cólera".
    Y es verdad, el gorra sucia tenía otros demonios.

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  7. el ingeniero civil de décimo cicl que escribe
    el soñador realista- tu
    la peudociudad-----trujillo visto de manera social
    cucha----identidad desconocida pero deducible
    el de gorra sucia----tu
    tu siempre eres protagonista?
    el arriesgado

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